La invención de las prácticas laborales en las empresas por parte de los estudiantes que cursan carreras profesionales, tecnológicas y técnicas en las universidades e instituciones de formación superior, no sólo permitieron articular los aspectos teóricos del conocimiento con los factores prácticos del aprendizaje.
Definitivamente ese ensayo se convirtió también en la posibilidad de cerrar las anticuadas brechas entre el empresariado y las nuevas fuerzas laborales que proponen las universidades.
Y es que esa mecánica les permite a las empresas ir identificando de forma más económica aquellos talentos que necesitan para sus procesos, pues les ahorra contratar firmas cazatalentos o hacer procesos de selección, porque ya tienen en sus instalaciones a ese recurso humano fogueándose durante un tiempo promedio de 6 meses.
Apreciaciones
Al respecto, Juan Carlos Robledo Fernández, director de Extensión y Promoción Institucional de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB), explica que el aprendiz ha existido en la historia desde tiempos legendarios, “pero en el siglo XXI los estudiantes llegan a las empresas con un aprendizaje más sofisticado, y su diferencia con el aprendiz del siglo XVIII, por ejemplo, es que antes el joven llegaba a aprender todo de su maestro, y hoy el aprendiz llega ya con unos conocimientos para ponerlos en práctica”.
Para Luis Carlos Zúñiga, docente del Programa de Comunicación Social de la Universidad Jorge Tadeo Lozano – Seccional del Caribe, y coordinador de Prácticas Estudiantiles, este experimento de las empresas con los estudiantes profesionales, cobró mucha más fuerza desde que las tecnologías digitales empezaron a comandar las expectativas en el sector productivo.
Algo de historia
La figura de las prácticas laborales de los jóvenes de últimos semestres en las compañías, existe en Colombia hace cerca de 20 años; pero sólo desde hace unos 10 años este enlazamiento entre teoría y práctica empezó a adquirir el estatus tan importante que ahora tiene en el universo productivo de la industria.
“Hay que tener claro que la práctica profesional de los estudiantes en las empresas, no es una bolsa de empleo; hay diferenciación grande, y es que las organizaciones cuando ven a estudiantes que tienen el talento, las capacidades y las cualidades que ellas están buscando en el capital humano, entonces los van dejando vinculados a sus procesos en la medida en que tengan las plazas o cupos para hacerlo”, explica Juan Carlos Robledo, de la UTB.
“Vemos hoy que las organizaciones están requiriendo cada vez más practicantes, entre otras razones porque las nuevas tecnologías en cualquier sector productivo, le apuntan a las redes sociales”, anota por su parte Luis Zúñiga, de la Tadeo
“En el caso del Programa de Comunicación Social, siempre buscan a un prospecto periodista con fuerte enfoque hacia lo digital, como un community manager que maneje redes sociales”, complementa.
Todos ganan
El experimento, que cobra vigor a partir de convenios de las universidades con las empresas, beneficia en absoluto a las tres piezas que engranan el proceso: las universidades, porque pueden mostrar y vender el factor humano que están preparando; a las empresas, porque se puede proveer de nuevos talentos que refrescan sus procesos, y a los estudiantes, porque es una gran oportunidad de empezar a moldear sus capacidades personales y profesionales, para ganar bagaje.
Así el pasante no sólo empieza a acumular experiencia laboral, pues ese entrenamiento tiene otras connotaciones, porque muchas veces las empresas les pagan por sus servicios.
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